Una
oportunidad histórica
ALFONSO
GUERRA GONZÁLEZ 8 FEB 1979
Secretario
de Organización del PSOE
Hoy
se inicia la campaña electoral para elegir nuevos representantes en las cámaras
legislativas.
Desde
hace dos años, los socialistas venimos insistiendo en la necesidad de convocar
unas elecciones generales al final del proceso constituyente. Por muchas
razones que se quieran dar ahora, la verdad es que todos -salvo los
socialistas- se oponían a estas elecciones.
Algunos,
aquellos a los que menos satisfacen las consultas populares, alegan que el
pueblo está ya cansado de votar. Afirmación paradójica si atendemos a los años
de forzado ayuno electoral de nuestro pueblo.
Para
mí que el pueblo español posee una capacidad electoral muy considerable, porque
unas elecciones, para un partido socialista, significan mucho más que una mera
llamada a acudir al colegio electoral. Es un eslabón más de la tarea de
aproximación al pueblo, de invitación a la participación popular en la cosa
pública. Y el pueblo quiere participar.
La
importancia del voto comunista
La
derecha política creyó que la transición podría hacerse sin necesidad de
descabalgar a las figuras de la dictadura. En su opinión, bastaba una
remodelación exterior de la imagen del poder para suplantar el desmontaje del
aparato burocrático-político de la dictadura. A esta operación se lanzaron
Suárez y Fraga, pero sin acuerdo previo: más bien con la hostilidad derivada de
las humillaciones pasadas.
La
conclusión, al paso del tiempo, se ofrece con claridad. Los inventores del
centro han fracasado en su intento de calmar las ansias de cambio de la
población. Después de muchos años de espera, de resignación ante los problemas,
los trabajadores, los funcionarios, los campesinos, los pequeños propietarios y
comerciantes han soportado con estoicidad y responsabilidad una etapa
transitoria en la que la necesidad de sedimentar las formas democráticas
exigían el sacrificio de aplazar ciertas mejoras directas, inmediatas, de
urgencia y necesidad. Y ello lo hacían a trueque de unos cambios estructurales
que garantizaran a medio plazo una situación más justa a través de un proceso
de democratización del país. Sin embargo, nada de esto ha sido propiciado por
el Gobierno de UCD.
Por
el contrario, la nación ha comprobado con horror que algunos problemas
seculares de nuestra realidad permanecían intactos y que otros se agravaban con
la gestión del Gabinete del señor Suárez.
Los
dos problemas más graves que atentan contra la vida de la colectividad, el paro
y el terrorismo, tienen su expresión más significada en el Sur -hambre en
Andalucía- y en el Norte -golpeteo de balas en Euskadi.
Para
más de un millón de españoles, el derecho al trabajo, reconocido en la
Constitución, no existe. Sólo en 1978 el número de parados se ha incrementado
en 250.000. Veinte mil parados más por cada mes de Gobierno UCD.
La
incapacidad del equipo (?) gubernamental para dar solución a los conflictos que
plantea un preocupante deterioro de la seguridad ciudadana, con la extensión
del terrorismo y la generalización de la delincuencia, muestran una vez más lo
que la historia siempre ilustra. Un partido no se inventa, no se improvisa. Aún
menos se puede fabricar con desechos de la situación anterior. La experiencia
de renovar la fachada de la dictadura con detalles formales de peluquería y
vestuario de los líderes que no se forjaron en la democracia, sino contra ella,
tenía naturalmente que ofrecer la cara del fracaso. Ahora el pueblo la tiene
delante y puede aprovechar la fecha del 1.º de marzo para tomar sus
precauciones, no insistiendo en fórmulas agotadas.
El
pueblo español quiere cambiar la vida, quiere un nuevo proyecto de vida que se
cimente sobre los valores superiores de libertad, justicia e igualdad. Y esto
es posible.
Bastará
con terminar la labor comenzada en junio de 1977. Entonces, a sólo tres meses
de la legalización del Partido Socialista, éste obtuvo el apoyo de más de cinco
millones de ciudadanos. Durante casi dos años, los socialistas han realizado un
trabajo encaminado a sumar a su proyecto de vida a más amplios sectores de
población.
,Contra
esta posibilidad, los profesionales del miedo zarandean el rechazo de algunos
sectores ante la alternativa de un Gobierno dirigido por los socialistas.
Argumentación insostenible ante las cifras que proporcionan los últimos
sondeos: más de un 75% de españoles expresan una recepción favorable ante la
posibilidad de gestión socialista de Gobierno.
Es
cierto que las encuestas arrojan datos favorables al PSOE sobre el resto de las
fuerzas políticas. Posiblemente estemos ante una ocasión inmejorable para que
el pueblo confíe al Partido Socialista la Administración del Estado, en una
situación política y económica que exige una voluntad de cambio capaz de
conectar con la aspiración popular.
Combatir
el paro, democratizar la Administración pública, terminar con el fenómeno
terrorista, controlar el alza de los precios, atender a los sectores sociales
más abandonados (jóvenes, ancianos, mujeres, población rural, marginados
sociales), potenciar una eficaz política sanitaria, concretar y desarrollar el
proceso autonómico, proporcionar sistemas de promoción cultural, garantizar
viviendas suficientes y dignas, facilitar el retorno de los emigrantes,
conseguir una enseñanza eficiente y gratuita para todos, reformar la estructura
agraria, eliminar el caciquismo, poner al servicio de la colectividad los
medios de comunicación social, en especial la televisión, son algunas de las
tareas que está exigiendo ya, sin demora, el pueblo español y que, a su vez,
exige un Gobierno capacitado técnicamente, con un programa eficaz y con
voluntad de transformación de la realidad socioeconómica para conseguir la
justicia y la igualdad.
A
este desafío histórico, el PSOE acude con un siglo de práctica política
presidida por la honradez y la firmeza, y con un cuadro de hombres y mujeres,
líderes y militantes, al servicio de nuestro castigado país, conscientes de que
asumir en estos momentos una tarea de Gobierno representa una seria
responsabilidad.
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