Marginaciones,
dimisiones y opciones en la política española
RAMON
TAMAMES 19 NOV 1981
Es
preciso reflexionar para evitar que la polarización entre una derecha
derechizada y una pretendida alternativa de poder exclusiva del PSOE pueda
producir nuevas erosiones abstencionistas, apunta Ramón Tamames en este
artículo. El surgimiento de una nueva opción, progresista y regeneracionista,
puede ser, en opinión del autor, un excelente servicio para el país.
Si
uno se conforma con leer algunas informaciones de Prensa forzosamente
cotidianas, y en escuchar los boletines de radio casi preparados en tiempo real
(la televisión cuenta menos en todo esto), parecería como si los
acontecimientos políticos de las últimas semanas fueran el triste resultado de
mediocres ambiciones, de pugnas entre banderías desorientadas, o tal vez el
fruto amargo de revanchas por anteriores y recónditos episodios personales.Pero
las apreciaciones de esa naturaleza me parece que no pasan de tener un carácter
muy circunstancial, e incluso me atrevería a calificarlas de superficiales. Lo
que a mi juicio hay verdaderamente importante en la reciente ascensión de Calvo
Sotelo a la cúspide del poder en su propio partido es el firme y calculado
propósito de asentar sólidamente la derecha.
La
aplicación de un método análogo al de La elite y el poder -aquel libro del
célebre sociólogo norteamericano Wright Milis- nos daría, en un análisis
pormenorizado, muchas claves del proceso al que me refiero. Pero en el corto
espacio de un artículo como éste habré de limitarme a una revisión más bien
esquemática de lo que está sucediendo y de por qué está sucediendo. Ante todo,
veamos los hechos.
El
primer movimiento importante ha sido la marginación de los socialdemócratas de
UCD. En política hay muchas formas de prescindir de determinadas personas, y la
más implacable es no incluirlas en el círculo interno del partido, pues quien
esté al margen de ese sancta sanctorum -que en UCD no es ni el Consejo Político
ni el Comité Ejecutivo- no existe a la hora de decidir; es un convidado de
piedra, guste o no guste. Y lo mejor que en tales circunstancias puede hacerse
-como hizo Fernández Ordóñez- es marcharse.
Pero
luego, está la lucha dentro del círculo interno. Y en este caso, los
acontecimientos nos han mostrado cómo la derecha de UCD, tras desembarazarse de
los socialdemócratas -los que dentro de ella quedan con ese nombre son meros
cargoadictos-, procedió casi inevitablemente a prescindir de cualquier otra
presencia de mayor o menor progresismo. Eso es lo que en última instancia
representa la salida de Adolfo Suárez, Porque ante tanta lucubración cuando
menos farisaica, está llegando la hora de preguntarse seriamente. con Calvo
Sotelo en la presidencia del Gobierno en 1977, ¿se habría conseguido el pacto
constitucional, o más bien se habría preferido retocar las leyes fundamentales
del régimen anterior? Pero aún más fácil que contestar a una pregunta así es
apreciar cómo determinados poderes fácticos ven con mejores ojos a Calvo
Sotelo. Y no sólo se trata de fuerzas internas, sino también exteriores. Desde
Washington DC, capital del imperio, nunca pudo contemplarse emocionadamente la
visita de Suárez a Fidel Castro en Cuba, ni la entrevista del entonces
presidente del Gobierno con Yasir Arafat, ni el hecho de que, sin dar mayores
explicaciones, se pospusiera sine die toda decisión sobre la OTAN, ni que
España fuera nación observadora en la Confederación de no Alineados. Con las
perspectivas de hoy, tales actitudes son más significativas, y tal vez ahora ni
siquiera se las permitirían algunos socialistas, de estar en el Gobierno.
Tercer
episodio. Hecha «la paz» dentro de UCD a base de marginar y dimisionar, desde
las máximas alturas del Gobierno y con procedimientos bastante expeditivos,
todos sabemos cuál puede ser el siguiente paso: una nueva ley electoral, que a
nivel nacional y de los municipios fomente el bipartidismo «natural»,
escorándolo manifiestamente a la derecha. Con ese nuevo instrumento y con
posiciones muy firmes para la «nueva UCD» dentro de RTVE, las elecciones
podrían convocarse en el mejor momento.
Ante
una estrategia como la esquematizada -que ofrece pocas incógnitas-, el que
pueda haber un entendimiento subyacente UCD-AP es algo que plantea muy pocas
dudas. Aunque lógicamente, por razones tácticas, ese entendimiento no aflorará
hasta después de las elecciones generales. Antes, ambas formaciones de la
derecha querrían aprovechar a fondo las posibilidades de ser primer partido en
extensas zonas rurales y en algunas urbanas. Pero después, ¿por qué no habrán
de llegar a un acuerdo Fraga y Calvo Sotelo? ¿Es que alguien piensa que Calvo
Sotelo es menos de derechas que Fraga?
Y
del otro lado, ¿qué va a pasar? Esa pregunta hay que hacerla ya sin más recato.
Tempus fugit. ¿Hay alguien que todavía piense en la posibilidad de que Calvo
Sotelo vaya a ofrecer una especie de «pacto del Pardo», un siglo después, al
secretario general del PSOE, como el que en 1885 presentó en bandeja Cánovas a
Sagasta, para evitar la crisis del régimen? Todo parece indicar que no. La
alternancia en el Gobierno es una expresión que suena bien y con la que se
suavizan las relaciones entre adversarios, siempre que quien esté en el poder
sepa emplearla piadosamente. Pero que nadie se haga ilusiones. La derecha se
prepara para gobernar, empleándose a fondo a partir de 1982 o de 1983, y para
ello va a recurrir a todos los medios a su alcance.
Cómo
evitar la polarización
Con
esas previsiones, es obligado reflexionar en estos momentos muy seriamente,
para evitar que la polarización entre una derecha derechizada -no es
redundancia- y una pretendida alternativa de poder exclusiva del PSOE, como
sola voz posible ante un electorado bastante. desorientado, pueda producir
nuevas erosiones abstencionistas entre muchos votantes potenciales, que ante
esa disyuntiva no encuentren el espacio político al que darían su papeleta por
previa convicción.
Una
situación polarizante sería fatal para nuestro futuro político. Y en ese
sentido, el surgimiento de una nueva gran opción que enlace con lo mejor de la
tradicción española progresista y regeneracionista, puede ser un excelente
servicio cívico y político para el conjunto del país.
Por
eso mismo, dentro de esa opción revitalizadora de la democracia y antídoto del
síndrome abstencionista, a mi juicio sería un error fiarlo todo a una
conjunción de personas o grupos. Una nueva opción así tendría que presentar un
programa de buen gobierno para cuatro años, con un horizonte para la inversión
para los cuatro años siguientes. Un programa en el marco de todo un conjunto de
reformas administrativas, económicas y sociales, de modernización del Estado y
de dinamización de la sociedad. Y, sobre todo, con una verosimilitud que
convirtiese la esperanza de recuperación en entusiasmo para la acción.
Ramón
Tamames es catedrático de Estructura Económica y diputado al Congreso por
Madrid (Grupo Parlamentario Mixto).
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